Crítica del concierto de Roxette en Malmö en el Sydsvenskan

Anders Jaderup presiente una gira de despido con disfraz después de haber visto Roxette en el Malmö Arena.
Per Gessle y Marie Fredriksson sonríen felices cuando sus músicos tocan la última canción con pelucas y sombreros divertidos.
Quizá tampoco fuese el último número con máscara de la noche.
La cabalgada de grandes éxitos para todos los públicos , que Roxette pone en escena varias veces como una gira de despedida con disfraz, una manera para Gessle y Fredriksson para agradecer a los fans que han apoyado a la banda en lo bueno y en lo malo.
Por lo tanto, no se echa de menos ni velocidad, ni melodias enérgicas ni ocasiones de cantar todos juntos. lo que se echa en falta es más bien la sensación de que Roxette en 2011 tengan algo que aportar fuera de la burbuja nostálgica en que se transforma el Malmö Arena en apenas 2 horas. Únicamente 2 canciones del último disco, el flojo «Charm School», tienen un sitio y el puntal cae claramente en el «Look Sharp» y el «Joyride» de 1988 y 1991 respectivamente. Durante los últimos 45 minutos del concierto tocan únicamente canciones de estos dos discos.

Per Gessle da saltos con los pies juntos en las canciones movidas, Marie Fredriksson deja su alma en las lentas y es en el encuentro entre los dos temperamentos que uno se da cuenta que Roxette, a pesar de todo, han tenido algo especial. El powerpop y las baladas suelen ser dos géneros totalmente incompatibles pero cuando una anhelante «It must have been love» es reemplazada por una canción pop fuerte como «Opportunity Nox» -la mejor canción de la noche- el dúo consigue salir airoso.
A pesar de unas canciones muy conocidas, el trayecto llega al final y «Fading like a flower» se convierte en una ilustración de como una banda de éxito rápidamente pueden estancarse en la evolución.
Pero la parte de Skåne de la banda de acompañamiento parece de todas formas haberse divertido mucho, y entonces yo no pienso únicamnete en eso de las pelucas. El que parece pasarlo mejor es Christoffer Lundquist, sobretodo cuando toma mano del caractéristico riff de guitarra en el bis «The Look».
Y hablando de estancarse en la evolución, o más bien no hacerlo: es bastante liberador ver a Lundquist alinear poses rockeras, de lo que seguramente se hubiese reído cuando tocaba con Brainpool en Lund en los 90.

http://www.sydsvenskan.se/kultur-och-nojen/musik/konsertrecension/article1570845/Ytterligheter-mots-i-Roxette.html

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