¡Olé Roxette! El antiguo estadio de boxeo Luna Park de Buenos Aires vibra. Cuando a la cantante Marie Fredriksson le encontraron un tumor cerebral, se creyó que el cuento del éxito había terminado. Pero 20 años después del gran éxito, 10 años espués del tumor, el dúo pop de Halmstad vende entradas de conciertos por 1,5 millón de coronas en la gira mundial de dos años «Charm School».
Anna Bodin y Paul Hansen del suplemento Söndag del DN estuvieron en la gira que pronto llegará a Suecia.
Dos motos de policia y un coche de policia escoltan una furgoneta negra por la capital de Perú, Lima. Detrás de los cristales oscuros, se esconden Marie Fredriksson y Per Gessle. Están camino del concierto de Roxette de esa noche en el Estadio Nacional. La banda de acompañamiento viaja en otro minibus. El batería, Pelle Alsing, retira la cortina a un lado y hace una foto del Estadio Nacional de Perú, con capacidad para 16.000 personas.
-Joder, ves el arena?, es justamente como antes, le dice al teclista Clarence Öfwerman.
La carretera pasa alrededor de las altas vallas de la zona. Los guardias de seguridad abren las puertas y los hacen pasar rápido a todos hasta el parking.
– Venid y mirad mi camerino, es como un trono, dice Per Gessle.
La primera mitad de los 80 él era un ídolo de chicas rubio y con los mofletes como manzanas, en Gyllene Tider. Ahora tiene 53 años, con un look a lo Keith Richards, que no puede ocultar el aire juvenil. Él muestra el lavabo gigante y verde en el camerino, dónde hay un ramo de rosas de tela.
-Están chiflados, aunque son muy agradables, dice él sobre los que han organizado todo.
El amor es correspondido. Aquí en Perú, tienen sus admiradores más fieles. Representantes del club de fans local esperan emocionados afuera para el «meet & greet» de la noche, un encuentro corto y vigilado. El club lo empezó una chica de nombre Kemerly Grau. Hoy tiene 41 años y vive en USA. Ella ha volado a Suramérica el fin de semana solo para el concierto de Roxette en Lima.
-Quería estar con Per y Marie en mi propio país, dice ella.
El Perú en el que crecieron Kemerly Grau y sus amigas de clase estaba marcado por la lucha armada del movimiento de guerrilla maoista Sendero Luminoso contra el gobierno, y por la respuesta brutal militar.
-Cuando Roxette tocó aquí en 1995, estábamos solo a unos años del terrorismo. Roxette fue la primera banda internacional que llegó aquí. No gustábamos a nadie, pero ellos vinieron, y significó todo para nosotros. La música dio esperanza a la gente. Para nosotros Roxette es como magia, como que todo es posible, dice Kemerly Grau.
Al este del continente Suramericano, en la capital de Paraguay, Asunción, se cerraron las escuelas cuando Roxette tocó allí a principios de los 90, explica la manager Marie Dimberg, que ha estado con ellos desde que se formó la banda en 1986.
-El disco «Joyride» se usaba durante las clases de inglés, aprendían inglés con las letras del disco, dice ella.
Per Gessle sale del camerino con las uñas pintadas de negro. Detrás de una puerta cerrada está cantando Marie Fredriksson. El manager de la gira Bo Johansson, llamado por todos Bojo, que allí fuera espera un arena totalmente al completo.
-Hay muchísima gente, es como llenar el Globen. Y me encanta que sea al aire libre. Este aire caliente, es una sensación maravillosa e irreal, dice la chica de los coros, Dea Norberg.
El guitarrista Christoffer Lundquist está probando un arreglo no tradicional para «El cóndor pasa», la canción nacional no oficial de Perú.
-Dios que bonito, empezaré a llorar, elogia Marie Fredriksson, que se ha unido, pero Per Gessle es retado; él se pone al lado de Christoffer Lundquist, alarga la mano a la cabeza de la guitarra y, en medio del riff, saca unas notas rápidas.
La banda ensaya un pupurri de las canciones de la noche, con lo que Marie Fredriksson levanta los brazos y hace señas con las manos de un lado a otro, igual que una reina.
-Thank you everybody tonight, you’re fantastic!, practica ella en el palco vacío de público.
Bo «Bojo» Johansson la espera con cierta veneración, lo cual a los demás les manda:
-Nos vamos. ¡Ahora!
La banda se apresura por los pasillos hasta el escenario. Marie Fredriksson es llevada allí en coche. Así que se encienden los focos y el público se levanta hacia Roxette cuando todos los brazos se levantan hacia el cielo nocturno, que hace de techo del arena.
«Sleeping in my car» sale de los altavoces mientras los focos se van paseando por encima de la gente. Per Gessle bota entre los micrófonos, y lanza las púas usadas sobre su auditorio cada vez que cambia de guitarra.
Marie Fredriksson está tranquila en el candelero -una Edith Piaf rubia platino, frágil y delicada, con movimientos un poco sacudidos y un carisma tenso. Ella deja entonar la última estrofa de «Wish I could fly» e inclina el cuello.
El público vibra. Olas de simpatía se extienden hacia el escenario. Delante de todo, junto a uno de los altavoces, dónde elsonido se mete más en el estómago, se mueve Kemerly Grau del club de fans peruano. Un hombre de unos 50 años con una cruz una cadena de plata alrededor del cuello mantiene espasmódicamente las vallas antidisturbios.
-I love you Marie! Grita él una y otra vez.
Per Gessle se cambia su camisa blanca por una negra con la frase «High school tiger» en la espalda, la canción «The Look» se transforma en un jam salvaje, y Marie Fredriksson deja el escenario. Apoyada en el brazo de Bo «Bojo» Johansson, descanda entre bastidores con un albornoz blanco sobre la chaqueta de cuero. Ella vuelve a entrar, pero es Per Gessle quien grita: «Thank you Lima» esta noche.
Las dos estrellas de Roxette dan la espalda al público y salen cogidos el uno con el otro. después del concierto, lo celebran con champagne. Marie Fredriksson desaparece pronto a su camerino. Ella tiene tos, afonía y cansancio después de un resfriado que cogió en Ecuador.
-Durante el concierto en Quito, hubo varias canciones en las que ella no cantó una sola palabra. El público lo cantaba todo, explica Per Gessle.
Incluso esta noche, varias de las canciones fueron cantadas por el público. 17 años han pasado desde que Roxette tocó por última vez en la capital de Perú, pero la mitad de las canciones del programa eran las mismas entonces que ahora. Los mismos artistas, las mismas canciones, el mismo público. Pero una sociedad cambiada.
-La última vez que tocamos en Lima, en 1995, parecía un país totalmente diferente. Había miles de militares y pedantes con las mujeres delante de todo, después había una tela metálica enorme, y detrás de ella 15.000-20.000 personas. Estábamos tocando a 40 metros del público y la única seguridad que podíamos usar eran bomberos voluntarios, los militares estaban asociados a demasiada violencia, recuerda Per Gessle.
Per pregunta a Bo «Bojo» Johanson que cuestan las entradas de esta noche. El precio medio está sobre las 800 coronas. En un país con unos ingresos de unas 2.600 coronas al mes. Per Gessle piensa que suena caro. ¿No habría que maximizar la venta bajando un poco el precio?
-Las entradas baratas hacen que muchas personas tengan dinero. Es mejor y más divertido para todos si viene más gente, dice él.
-La clase media y alta de Perú tiene dinero. Para los pobres del país, 50 coronas para un concierto está fuera de su alcance, responde Bo «Bojo» Johansson.
Cuando la gira mundial de Roxette «Charm School», donde tienen lugar los conciertos de Suramérica, termine en otoño, la banda habrá vendido 1,5 millón de entradas. A un precio de 500-1000 coronas. Sólo hay que multiplicar. 1.500.000 x 1.000 = 1.500.000.000. Per Gessle dice no saber cuánto se va en costes.
Está garantizado que quedará más que suficiente. En la era Spotify, dónde la venta de discos ya no genera la fracción de los viejos tiempos, es haciendo giras y conciertos en arenas que los artistas hacen mucho dinero. Para Per Gessle, no tiene importancia. Él tiene los derechos de los hits de Gyllene Tider y Roxette, es unos de los últimos que ha vendido millones de discos y es más rico que el rey, pero para el resto de la banda debe haber una gran diferencia de economia privada.
Los coches negros paran delante del arena para ir hasta el hotel. Per Gessle cambia de tema y explica que un par de admiradores pudieron pasar seguridad en el vestívulo.
-Dos chicas se introdujeron conmigo en el ascensor y empezaron a gritar. Hoy aparecieron también junto a la piscina una viringa. Me puse nervioso y me escondí en la habitación, ríe Per.
Los fans pueden ser duros, pero la admiración es maravillosa. La primera cara de felicitación llegó cuando Per Gessle tenía 17 años. Estaba firmada «Katarina», aún lo recuerda hoy:
-Recibir una carta de una fan a esa edad, y además de una chica, fue un gran premio, totalmente fantástico. Pensé: «Esto es algo para mi, este es el significado de la vida.»
De vuelta al hotel, los miembros de ls banda se envuelven en los sillones de piel del vestíbulo y piden Pisco sour, cocktail hecho con alcohol nativo, limón, azucar y mezclado con clara de huevo. El telonero argentino del concierto, que también pernocta en el hotel, están en el jardín con cigarros nativos, pero el dúo Roxette se retiran a sus habitaciones.
A las 02.21h Per Gessle cuelga el último video del concierto en la página oficial de la banda en el Facebook. «Oh Yeah! Lima was, just as expected, an out of this world experience!», escribe él. Unas 4 horas más tarde, desayuno compuesto de mango, bacon fumado, papaya y huevos, y de camino al aeropuerto. Próxima destinación: Buenos Aires.
-¿Estáis en el grupo de Roxette? Pregunta la azafata cuando controla la tarjeta de embarque.
El piloto rompe las reglas de vuelo internacionales, y deja entrar a Magnus Börjeson a la cabina, y hace la primera pregunta para romper el hielo:
-¿A dónde vas?
-A Buenos Aires, responde Magnus Börjeson desconcertado. Espero que vosotros también.
4 horas y media más tarde, el avión aterriza en Ministro Pistarini, el aeropuerto internacional de la capital de Argentina. Las 100 persons que se han juntado allí esperando a sus ídolos y forman rápidamente un círculo alrededor de la banda, y consigue correr a galope a traves del vestíbulo de llegadas.
-Hay alguien que me coge del pelo todo el tiempo, ¿por qué me cogen del pelo? Pregunta Per Gessle a los de seguridad.
Así que las estrellas ya están dentro del coche. En la acera quedan los fans. Allí está Guillermine Marino con su cuñada. la primera vez que escuchó «The Look», ella estaba en edad de guardería.Ahora tiene 2 hijos y los estribillos del dúo pop sueco suenan infinitamente por su casa.
-Roxette es la banda sonora de mi vida, dice ella.
Cuando Guillermine Marino vuelve a fregar los platos, poner lavadoras y pasar el aspirador, Roxette han hecho el «check-in» en el Palacio Duhau, un antiguo palacio privado que lo hace más excusivo que el ya exclusivo Park Hyatt de Buenos Aires. Las dos edificaciones disponen de un terreno con jardín con saltos de agua y estanques donde florecen nenúfares.
Las habitaciones, incluyendo los lavabos, estucados, picaportes ornamentados y arañas del techo imponentes. Las toallas se cambian tres veces al día. Cada tarde se llena el minibar con hielo, y en el jardín se encienden luces entre los arbustos. En la mesita de noche espera una manzana reluciente y junto a la cama se tarda 15 minutos en descubrir como se encienden las luces.
La mañana siguiente aparece un hombre monumental en la sala del desayuno. Es Steven Seagal. Es cinturón negro en aikido y según Wikipedia se afirma que es una reencarnación de un lama budista. Las cadenas de plata hacen ruido cuando él pasa.
No se ven ni Per Gessle ni Marie Fredriksson entre los huéspedes del hotel desayunando. Según el plan de la gira, hoy es «día libre», y la banda lo utiliza para recargar pilas y recuperar horas de sueño de trasnochar, vuelos y jetlag. Cuando la chica de los coros, Dea Norberg, finalmente se despierta, el reloj marca las 4.
-Me vi obligada a abrir el ordenador para ver si eran de la mañana o de la tarde, afirma ella.
Ya se han reunido los fans más fieles en las puertas del Luna Park, el antiguo estadio de boxeo que albergará el concierto del día de mañana. En el palacio de deportes de los 80 ha competido el maestro mundial Muhammad Ali, Frank Sinatra ha cantado aquí y ha hablado aquí el papa Juan Pablo II. Aquí conoció Eva Duarte, que se convertiría en el icono nacional Evita Perón, a su marido Juan.
El jugador de fútbol Diego Maradona se casó aquí. Mañana estarán Roxette en el escenario. Val Alarcén, 33 años, ha decidido pasar toda la noche en la acera, a esperarlos.
-La noche fue tan fría y no hemos comido nada y no hemos dormido nada y no hemos bebido nada. Estamos cansados, pero estamos muy, muy felices, dice ella a la sombra del palacio de deportes, a la mañana siguiente.
La amiga Natalia Sacaba, 33 años, explica que le ha puesto Marie a su hija. Si hubiese sido un chico, se habría llamado Per. Una tercera chica en la cola, Paola Quintana, se levanta la camiseta y muestra un tatuaje del autógrafo de Per Gessle.
La espera es febril tanto delante como detrás del escenario. Los conciertos en Buenos Aires son conocidos por ser locos. El ambiente aquí está por encima de todos los otros lugares.
-El año pasado los fans se colgaron de las ventanas del coche, con banderas. Subimos al escenario en una ola de sonido. Fue como si Argentina hubiese ganado el mundial de fútbol, dice el bajista de Roxette Magnus Börjeson.
-La gente allí en casa, no parece tener una idea de lo que ocurre. Da igual lo que cuentes, es como que no quieren saber. Como con ABBA, primero no estaba bien que te gustasen en Suecia, pero ahora son dioses los 4, apunta el batería Pelle Alsing.
El ensayo antes del show parece perfecto. Marie Fredriksson está totalmente recuperada de su resfriado y su marido, Mikael Bolyos, ha volado desde Suecia para poder estar en estos conciertos. La pareja ha estado en el local en el subterraneo del Luna Park, cada uno con su plato de catering, pero hablan con mucho gusto cuando hayan terminado de comer.
-Ven y dímelo entonces, pide Marie Fredriksson. Sino me olvido.
Después de la comida, entramos en su camerino, que es un rinconcito sin ventana y cutre, con un sofá hundido, un puff de piel y un espejo para maquillarse con una lámpara. El sonido chirriado de las vallas antes que entre el público, traspasa las paredes. Hago la primera pregunta y Marie Fredriksson responde con voz calmada, pequeños gestos, un poco de mímica y tacos fuertes.
-Hemos hechos muchas giras largas, y hemos estado por todo el mundo, pero Buenos Aires es absolutamente el mejor lugar para tocar. Lo escucharéis esta noche, ¡es único!
La alegría que ella siente es mucho más grande ahora que durante los años dorados de Roxette, a finales de los 80 y principios de los 90. Cuando Marie Fredriksson estaba en lo más alto como estrella, cayó en picado como persona privada.
-Había viajado y volado todo el tiempo, y sentía que ya no podía más, ya tenía suficiente. Pero siempre era: «no, esto también» y «esto también». Así que siguió.
En diciembre de 1991 Roxette tocó en Australia. El plan de gira era, como de costumbre, ajetreado. Per tenía como de costumbre a su mujer Åsa. Marie viajó como de costumbre sola. Y al amanecer, después de la fiesta, se preguntó si tendría tiempo algún día de conocer a alguien.
Así que un domingo, estaba Mikael Bolyos estaba allí delante de Marie Fredriksson, en el vestíbulo de un hotel en Sidney. Se unieron la misma noche. Se prometieron ese miércoles. La primavera de 1993 se convirtieron en padres.
-Por fin llegó Josefin. Nueva vida. Fantástico. Después llegó Oscar. Gracias a Dios que vinieron, dice Marie Fredriksson.
Llevaban juntos 10 años. Después Marie Fredriksson se derrumbó el 11 de Septiembre. Fue el mismo día un año después de los ataques terroristas a las torres gemelas en Nueva York en 2001. Los niños tenían 5 y 9 años. Marie Fredriksson iba a hacer las maletas para una rueda de prensa en Antwerpen. A primera hora de la mañana, ella y Mikael Bolyos habían corrido a la carrera en el sprint final. Marie ganó.
-Yo era tan jodidamente fuerte, dice ella. Pero en el baño me desplomé como un…
Marie golpea las palmas de las manos una contra otra para mostrar la palabra que no logra encontrar. En el hospital fue constatado que había sufrido un ataque epilépsico, provocado por un tumor cerebral. Apenas tres semanas más tarde fue operada. Cuando despertó, ya no podía leer ni contar. Si entraba en una habitación, no encontraba el camino de salida. No recordaba los nombres de los que quería. Lo profundo se abrió bajo los pies, pero es algo de lo que no quiere hablar ahora.
-Está claro que nunca lo voy a olvidar, poco a poco voy a escribir un libro donde pondré todo desde el principio, es importante hablar de ello, pero no puedo afrontarlo ahora, quiero seguir adelante, dice ella.
Mikael Bolyos se pasa la mano por su cabeza afeitada, la cadena de oro alrededor del cuello, pone las manos en sus jeans gastados y explica que siguen trabajando la situación a diario:
-Es espantoso, lo que ella -y nosotros- hemos pasado. Lo más horrible de lo horrible.
-Me volví débil, bajé mucho de peso, además de que estaba obligada a tomar pastillas de todos los tipos, cortisona, lo cual hacía que me hinchara, dice Marie Fredriksson.
Una de las caras más conocidas cambió hasta tal punto que ni los vecinos la reconocían. Esto no lo ha contado a nadie antes.
-Fue horrible. Imagínate que nadie te reconoce, de haber sido tan fantásticamente conocida, ¿puedes imaginarte qué se siente?, dice ella.
La lucha contra la muerte ocurrió a los ojos de todo el mundo. Los paparazzis se apostaban al otro lado del jardín en su casa de Djursholm.
Los periodistas de la prensa rosa contaban informaciones secretas. Pero nada es blanco o negro. La adoración que se le ha dado a Marie Fredriksson, también la ha ayudado.
-La rehabilitación se basa en volver a encontrar la autoconfianza. Marie tardó 7 años, fue cuando subió a un escenario por primera vez. Después su equilibrio mejoró, su memoria mejoró, todas las funciones que habían sido dañadas mejoraron mucho. En la situación con Roxette, junto con Per, volvió la antigua Marie, dice Mikael Bolyos.
Nadie lo creía. Las apuestas no estaban ni al 5%, como mucho uno de cada 20 sobrevive a lo que Marie pasó. Pero ahora ella está aquí sentada en un camerino bajo el Luna Park de Buenos Aires, Argentina, mientras el arena se llena sobre nuestras cabezas. Ella se inclina más cerca en el sofá y rápidamente me lee la mirada:
-No pienso demasiado en cómo fue, sino en cómo es ahora. Estoy tan feliz de poder estar en esto otra vez. Nunca he estado tanto de gira y nunca he sido más feliz por Roxette. Lo pasamos tan bien, y aunque haya pasado tanto tiempo, hay alegría por parte de la gente, dice ella.
Marie cumple 54 años estos días. Han pasado 30 años desde que ella y Per Gessle se conocieran en un local de ensayos en Sperlingsholm, a las afueras de Halmstad.
-Yo era hippy, y llevaba pinta hippy en esa época, pieles afganas y el pelo largo y negro. Per era un chico pop. Él llevaba el pelo blanco maquillaje bajo los ojos. En su parte del local había un orden. En nuestra parte era un caos.
Se complementan el uno al otro, lo dicen todos. Marie Fredriksson es la cantante y la estrella, Per Gessle es el que escribe las canciones y el estratega. Ahora está en una entrevista propia unas habitaciones más allá con el canal de internet MSN Suramérica, con 300 millones de visitantes en la red. Per ha conocido a periodistas de los rincones de todo el mundo y las preguntas siempre son las mismas. Antes era: «¿Sois Marie y tu pareja»? Ahora es: «¿Cómo se encuentra Marie?»
Una única vez quedó sorprendido. Fue en Japón. Había esperado 6 horas para su participación en un programa de tv. Eran las 2.30h cuando por fin entró en el estudio. El periodista tenía una única cuestión: «Si fueses un árbol, qué árbol serías?»
¿Qué respondió Per Gessle?
-Un árbol de Navidad.
Ha llegado la hora del show. El suelo del Luna Park se extiende hacia el escenario. La presión es tan fuerte que algunos de las primeras filas se desmayan deben ser sacados por los de seguridad. El público no para de saltar ni un segundo. «¡Fantástico!» dice Marie a Per entre dos canciones.
El pelo vuela bajo el sombrero del guitarrista Christoffer Lundquist. Él toca el solo de guitarra eléctrica, el clásico sueño rock de un sueño. Ha sido un viaje utópico, conseguir un público así es lo que todos los que se dedican al pop sueñan, pero el recuerdo más grande del concierto para Christoffer Lundquist no tiene que ver con él, sino con el regreso de Marie después de 7 duros años, en Amsterdam 2009, como artista secreta en la gira por Europa de Per Gessle, «Party Crasher». Cuando ha terminado el concierto de la noche, Per explica:
-Marie estaba tan enferma, tan incontable. Verla en el escenario junto a Per, escuchar esas dos voces juntas otras vez, fue increible. Lloramos de emoción. Después Marie estaba eufórica. Estuvo eufórica varios días, ella solo reía cuando la mirabas. Que ella volviera a la vida, es la experiencia más grande en esto. Es una historia de llorar de verdad, no porque sea sentimental, sino porque es bonita. Como una historia sin sentido.
No significa que todo sea como antes.
-Durante «Room Service», la última gira antes que enfermara Marie, todos en el escenario giraban como satélites alrededor de Marie, que se movía de un lado a otro. Me podía haber quitado los pantalones en el escenario, que nadie lo habría notado, dice Christoffer.
¿Y ahora?
-Ella tiene ahora una irradiación inmóbil y frágil. Puedo pensar que su voz se siente más cercana, aún más directa, como si no hubiese ninguna red de protección, y es la meta final para todos los que se dedican a la música.
La próxima población en el plan de gira es Neuquén, en la Patagonia, al sur de Argentina y Suramérica. Es la misma cola que aparece en el aeropuerto y en el hotel de aquí en Buenos Aires. La manager de Roxette, Marie Dimberg, señala una alemana alta y rubia. Se llama Sandra Knospe, tiene 33 años y trabaja en una comunidad para discapacitados en Leipzig.
-Ella debe ser una de las que ha visto más conciertos. Ya estaba de niña. La he visto crecer, dice Marie Dimberg.
Cuando preguntamos a Sandra Knospe, ella responde que este debe ser el concierto nro. 143, si cuenta los conciertos de Marie Fredriksson en solitario, Per Gessle en solitario y Gyllene Tider.
-Tengo una vida normal que está bien, pero no tan emocionante. Esta es mi otra vida, en ella dejo todo lo malo detrás mío.
Laura Valenti, que sigue la gira con los hijos, Matías, 2,5 años, y Lucas, 10 meses. Un empleado ruso de Aeroflot con descuento en los billetes, que suele colarse en el mismo avión que la banda, y después explica en lared sobre los viajes. Una pareja argentina en que la mujer estuvo en coma, pero despertó porque estaban poniendo a Roxette.
El hotel está lleno de fans, los baños tienen linóleum y cuando Per Gessle le da al interruptor de la lámpara en su habitación, se apaga todo. Consigue ponerse los lentes de contacto con el resplandor del móbil. La red es más lenta que el ascensor, lo cual lo dice todo. Después de un rato, se reúnen todos durante las emisiones deportivas en el televisor con pantalla grande en el bar del hotel.
-Pero las habitaciones, dice Marie Fredriksson. ¿Qué clase de habitaciones?
-Como el peor hotel Esso Motor. Recuerda a una de las primeras giras con Gyllene. Estamos en el Skövde de Argentina, tal como era Skövde en los 80, dice Per Gessle.
Per está gruñón porque no tiene suficiente cobertura para ver el correo y bajar nuevos videos a «Roxette official» en el Facebook. Los fans se amontonan junto a la mesa de al lado con los ojos bien abiertos. Marie pincha abatida la tostada de jamón y queso que ha pedido y pregunta si alguien de la banda quiere.
-Fírmalo y véndelo, bromea su marido.
Bo «Bojo» Johansson se da cuenta de la situación e informa que la cena en el restaurante del hotel se da a las 9. Así que el grupo pide el mejor vino del lugar, vacían el almacén y esperan la comida. Per y Marie matan el tiempo con las cabezas en el teléfono de Per. ¿Qué están mirando?
-A ellos mismos, informa Mikael Bolyos.
Cuando él y su mujer se retiran después de comerse cada uno su solomillo argentino, Per Gessle se queda sentado con la banda. La chica de los coros Dea Norberg también se ha marchado, solo están los chicos alrededor de la mesa. Hablan de puestos en las listas, canciones inmortales y revistas de música. De repente empiezan a hablar de James Fjong.
¿James qué?
Los hombres de la mesa lo explican.
-Fjong. Un adicto al sexo de Estocolmo con una gran barbilla, ya sabes.
-Era una série de culto en dibujos sueca.
-Salía en la revista porno Piff.
Así que alguien piensa en la vecina de James Fjong. ¿No se llamaba Kåta Britta?
Per abre el ordenador y escribe en el google «Kåta Britta».
-Me sale Helen Sjöholm!
Todos ríen a carcajadas en la mesa.
El grupo de Roxette lo pasan bien juntos, se nota enseguida. Según los músicos de la banda, es esta amistad única entre todos, inclusive el crew que monta las luces y el sonido, lo que hace que sobrevivan 19 meses de viaje. Roxette, con palabras de Per, ha alimentado el pop con clases y mínimo 20 supercanciones. Han tenido 4 nros. 1 en la lista americana de Billboard. Si uno cree la estadística de la discográfica, han vendido 75 millones de discos
-Normalmente uno envejece bastante mal escribiendo canciones en la música pop. Björn Ulvaeus dijo una vez que si tienes la suerte de que se cruce una ocasión en tu carrera, entonces sincronízalo con el tiempo. El lo sintió así en cierta ocasión con ABBA, y así me sentí yo cuando escribí «Joyride», fue el nivel más alto, todas las emisoras de radio del mundo esperaban nuestro próximo trabajo. Llegamos en el momento justo con las canciones correctas y el sonido correcto. Solo puedes sincronizarlo una vez. La siguiente canción fue también un hit, pero no tan grande, dice él.
Pero a pesar de que Roxette nunca volverán a encontrarse en el ojo del negocio de la música internacional, cada vez que salen de gira son más grandes, según Per.
-El motivo es que poquísimos artistas y bandas pueden igualar nuestro catálogo de canciones. Ya que nosotros mismos escribimos y producimos nuestro material, nuestro sonido es único, dice Per convencido.
Per Gessle está irritado con la imagen que dan los medios de él como «un tipo pop de superéxito con una calculadora en una mano y una revista de negocios en la otra».
-Soy un trabajador que se dedica a la música pop. Esta es mi verdad. Intento todo el tiempo una manera de expresar lo que siento, es el proceso lo que me importa en primer lugar.
En la biografía autorizada «Att vara Per Gessle» de Sven Lindström hay una foto de la escuela de 4º en Simlångsdalen en otoño de 1968. Per está en la fila de detrás, en una silla. Redondo como una bola, con peinado redondo y gafas gruesas. Un par de chicas de la fila de delante llevan botas de piel y minifalda. Nadie excepto Per Gessle lleva gafas.
-Empezé la escuela un año demasiado pronto. No estaba especialmente seguro ni contento, no tenía amigos íntimos. Después de la escuela, solo iba con los auriculares, la música pop era mi mundo. A principios del instituto, sentía que esto no funcionaba. Adquirí lentes de contacto, empezé a teñirme el pelo y dejé la escuela, explica Per Gessle.
A los 15 años empezó a trabajar en Bingolivs, en halmstad. Vivió de pollo y pan sueco medio año y bajó de peso. Así que un día se le acercó su profesor del instituto.
-«Así que es aquí donde irías a parar», me dijo.
El comentario le dio motivación. Un año más tarde empezó un delgado Per Gessle de nuevo en el instituto, esta vez con antiguos compañeros de clase de su misma edad. Hizo amigos, iba a un local de ensayos, y sabía lo que quería hacer con el resto de su vida.
En sus pensamientos, él era estrella pop antes de que lo fuera de verdad. Ya en la primera adolescencia, escribía letras, que después les ponía melodía en la cabeza, ya que no sabía tocar ningún instrumento.
-Pasé todas las noches durante años escribiendo canciones y poemas, fantaseaba personas ficticias y creaba nuevas identidades en mis letras. Se convirtió en mi nueva, bonita y única realidad importante.
Cuando el punk llegó a mediados de los 70 con su exposición anarquista en la música, él se atrevió a coger una guitarra y después fue todo rápido. La realidad llegó rápido y cumplió todos los sueños de Per Gessle con Gyllene Tider. Pero después de unos años, la popularidad y la vida de lujo se acabó.
-Nuentro negocio tiene sus altos y bajos. Es fácil leer el calendario de impuestos y escribir mi nombre en el google, en el wikipedia y pensar que esta vida parece lo más, pero volver a una vida normal después de Gyllene no fue fácil. Mi gestor cortó mis targetas de crédito.
Él quería triunfar. En Marie Fredriksson vio lo que echaba en falta en él e hizo lo que pudo para convencerla de subir a su tren. Quedó sorprendido cuando ella dijo que sí.
-Yo había tenido mis veranos en casa y no había ido adelante, pero ella no estaba clara con Suecia. Ella estaba en mitad de su carrera, estaba subiendo, mientras yo estaba bajando. Sigo sin saber porque lo hizo, dice él.
Consiguieron su éxito, y precisamente como apunta el batería Pelle Alsing, Per Gessle afirma que era mucho más grande de lo que la gente en Suecia ha entendido.
-La primera vez que vinimos a Suramérica fue una explosión. En Buenos Aires tocamos para 55.000 personas. Un par de semanas más tarde llenamos el mismo arena otra vez con 55.000 personas, en un concierto extra. Uno de los dos canales de tv del país emitió el concierto extra en directo. El otro canal contratacó mostrando un concierto de Roxette grabado, así que lo único que se pudo ver en la tv argentina durante 90 minutos fue Roxette.
-Teníamos que haber contactado el libro récord Guiness, cobertura 100%.
De allí ya solo fue todo hacia adelante para Per Gessle. Tan pronto como la banda llegaba a casa de una gira, él quería entrar en el estudio y trabajar todo el día. El teclista de Roxette, Clarence Öfwerman, que es amigo íntimo de Per Gessle, lo describe así:
-Per nunca está satisfecho. Siempre hay nuevos proyectos, nuevas ideas. Uno queda un poco sin respiración por su culpa, yo llevo estándolo 26 años.
De esto Marie a veces se cansaba. La diferencia en prioridades fue acentuada cuando ella se convirtió en madre unos años antes de que naciera el hijo de Per, Gabriel.
-Claro que yo pensaba que era más importante hacer unos coros que dedicar 3 horas a un niño, ¡está claro!, ríe Per Gessle.
Según propias declaraciones, ahora está más relajado, no se lo toma todo tan en serio.
-No hay nada más que demostrar, dice él.
¿Entonces qué es lo que empuja?
-Yo diría que el dinero ya no es un motivo fuerte, pero está claro que lo es. Nunca podría vivir sin, de alguna manera, una salida para mi creatividad, al mismo tiempo que nunca he entendido porque hay que trabajar con algo que no tiene la posibilidad de ser un éxito. En realidad es aceptación lo que uno busca.
Dos días más tarde, él y el resto de la banda están en un bus hacia la ciudad costera Mar de Plata. Per tiene la mala fama de haber conseguido brazo de tenista después de haber dedicado un año y medio a reescribir todos los títulos de canciones en su Ipod ya que quería letras pequñas en lugar de grandes. Y porque, a diferencia de las estrellas del rock que lanzan televisores por la ventana del hotel, pone rectos los cuadros que hay en la pared. Ahora Per saca un paquete de pañuelos antibactérias y lo pasa por el brazo del asiento del bus. Después se frota la manos con alcohol de manos de la manager Marie Dimberg.
Per saca una carta que recibió en Neuquén, de una fan llamada Gabriela. «I was im love with a chainsmoking man with so sweet eyes, but he never put them on me» escribe ella, y pregunta si el amor existe.
Muchas horas más tarde están en un restaurante de hotel. Una banda toca demasiado alto y entre las mesas baila un hombre mayor con una mujer mucho más joven. Él tiene la mano en el culo de ella, ella tiene la mano en la calva de él. Cuando termina la melodía, el grupo se pone en la mesa de al lado.
Son fans argentinos que quieren tener sus discos firmados. En las manos hay algunos singles de los 80: «Om du har lust» de Per Gessle, «Ännu doftar kärlek» de Marie Fredriksson y «Neverending love» de Roxette. Es sorprendente ver los títulos suecos aquí al otro lado del mundo.
Los fans tienen aún más por dar. Orgullos enseñan el disco «Ki-i-ai-oo» de Strul, la primera banda en la que estuvo Marie Fredriksson. En la portada hay la silueta de un guitarrista.
-¿Sabes quién lo dibujó?, pregunta Per Gessle.
-Sí, lo hiciste tu, sonríe Marie.
-¿Y quién escribió la cara B?
-No, no fuiste tu.
-Sí.
-¡Pero fuiste también tu!
Marie y Per se olvidan de los que estamos allí. Ya no se encuentran en un hotel de lujo en Argentina. Han vuelto al local de ensayo de Sperlingsholm, llenos de sueños que ellos ayudarán a hacerlos realidad. Seguros de la victoria, se tiran del brazo el uno al otro y levantan los pulgares.
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