Entrevista a Micke Syd en el Hallandsposten

Micke Syd Andersson viene de la tranquilidad en Harplinge y dio el despegue junto con sus amigos en Gyllene Tider de la noche al día, con solo 19 años.
Lo que más le gustaba a Micke Syd de joven era el fútbol y el ping-pong.
La música entró en escena seriamente durante los años de instituto después de haber formado él y Anders Herrlin una banda en Harplinge. En el mismo pequeño pueblo ensayaba un cierto Per Gessle junto con Mats MP Persson.
-Yo era el único batería que MP conocía y fue así como entré a formar parte de Gyllene Tider, explica Micke, que en realidad empezó como bajista.
-Tenía dolor en los dedos a causa de tocar el bajo, así que Anders y yo intercambiamos los instrumentos. Es extraño las coincidencias que da la vida, ríe Micke.
Micke ha estudiado en la escuela de música municipal, donde ha tenido de profesor, entre otros, al legendario Bert Möller. Al principio Micke y Anders Herrlin tenían la banda progresiva Yggdrasil, que se caracterizaba por letras críticas hacia la sociedad. “Muy de izquierdas”, como lo describe Micke.


-Recuerdo canciones como “Under diskbänken” (debajo del fregadero) y “Skolan, Skolan vilket jävla liv” (la escuela, la escuela que mierda de vida). Teníamos que posicionarnos en algo y Anders estaba en su periodo de izquierdas. Yo no entendía demasiado de eso en realidad.
El nombre Gyllene Tider llegó después de que Mats Olsson escribiese en Expressen el titular “Gyllene Tider för Halmstadpopen” (tiempos dorados para el pop de Halmstad) cuando hizo una reseña de los jóvenes de Halmstad que habían empezado a hacer música.
-Grabamos nuestro primer ep en un estudio de Kärleken. Recuerdo que de vez en cuando se escuchaba el sonido de las ovejas fuera del estudio, pero conseguimos el contrato discográfico, así que la grabación tuvo sus frutos.
La banda también recibió muchas cartas de rechazo que actualmente están en el Leifs Lounge ya que ya que el coleccionista Gessle probablemente pensó que las compañías que los rechazaron se arrepentirían. Y así fue. Gyllene Tider se dio el despegue y se ha convertido en uno de los grupos más grandes en la historia de la música sueca. La banda es como una banda sonora del verano y atrae todo el tiempo a nuevas generaciones de fans. A pesar de que la banda ya no existe.
-Quizá volvamos, sinceramente no lo sé. Personalmente me apetece volver a hacer algo, pero es una decisión conjunta. Me gusta cuando nos vemos y somos creativos juntos. Somos muy diferentes como personas, pero cuando estamos juntos ocurre algo.
A lo largo de los años se ha hablado de conflictos en la banda, quizá sobretodo entre Micke y Per Gessle. Pero probablemente nada tan serio como lo han pintado a veces los medios de comunicación.
-Yo soy muy sensible, así que a veces puede salir mi ira. Pero ninguno de nosotros ha creado demasiado conflicto. El hecho es que quizá teníamos que haber discutido más. Con los años cambias mucho, incluso nosotros. Nos vimos las 24 horas del día durante varios años.
Con la edad ha surgido una humildad ante lo que significan las canciones tanto para los miembros de la banda como para todos los que las escuchan.
-Probablemente lo más sencillo sea que somos sinónimo del verano para mucha gente. Cuando miro al público en los conciertos, veo alegría, amor y quizá un poco de sexo. Hace poco conocí un barman que me dijo “joder, lo que he follado con vuestras canciones”. Es divertido, dice Micke y continúa:
-El hecho de que cinco chicos se encontraran y crearan un trazo musical que hiciera que se engancharan incluso los niños, es un poco gracioso. Cuando tenía 20 años no lo pensaba, lo hago ahora.
Durante la primera gira en los años 70 el caché era de 200 coronas por actuación. Está claro que el caché fue muy diferente cuando Gyllene Tider, muchos años más tarde, Gyllene Tider llenaron el Ullevi con 60.000 personas.
-Lloré durante toda la primera canción. Probablemente sonaba horrible cuando yo hacía los coros, lloriqueaba. Tocar delante de tanta gente es enorme. Cuando Per me presentó y 60.000 personas gritaron, ocurrió algo en el cuerpo difícil de describir. De hecho pregunté al público si estaban de acuerdo que me presentara a mí mismo una segunda vez. Pensé que había que aprovecharlo.
Aunque los grandes conciertos son dulces recuerdos, Micke dice que ya no necesita el placer que da los grandes arenas.
-Personalmente disfruto igual tocando nuestras canciones en una pequeña fiesta en Vessigebro que en Ullevi.

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